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DESAYUNOS CON SPIRIT

LA BOLA NEGRA, AFTER SEBEN Y BESSIE SMITH.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero con un traje de conserje.

Estoy seguro de que la primera imagen que nos viene a la cabeza si escuchamos «la bola negra» es el billar y su bola número 8. Y la idea de que pierdes si la metes antes de tiempo. El color negro se ha asociado a menudo con lo negativo, igual que la parte izquierda del cuerpo (diestra y siniestra).

Las dos películas más míticas que he visto sobre billar son The Hustler (1961) —El buscavidas— y The Color of Money (1986). La primera, dirigida por Robert Rossen, y la segunda, nada menos que por Martin Scorsese. Las dos están protagonizadas por un brutal Paul Newman, y la última, también por Tom Cruise, que no la estropea mucho. Las dos están basadas en novelas de Walter Tevis, escritor y jugador de billar y ajedrez. Otra de sus obras llegó a la pantalla con una adaptación aún más conocida, esta vez en formato de miniserie: The Queen’s Gambit —Gambito de dama—.

Cartel de El buscavidas
The Hustler · El buscavidas (1961)
Cartel de El color del dinero
The Color of Money · El color del dinero (1986)
Cartel de Gambito de dama
The Queen’s Gambit · Gambito de dama (2020)

Curiosamente, en ninguna de las dos se juega a bola 8, una de las modalidades más conocidas del billar americano. En El buscavidas se juega a straight pool, que es básicamente un juego de puntuación, y en la segunda, a bola 9, otra modalidad con reglas diferentes. Son dos películas que realmente hay que ver.

Sin embargo, el concepto de «bola negra», asociado a algo negativo, es mucho más antiguo.

Ya en la antigua Grecia se usaban bolas blancas y negras para sortear los jurados de los tribunales. No me refiero a la votación que dio origen al término «ostracismo» en la antigua Grecia y por la que al pobre Temístocles, antes un héroe, lo desterraron por diez años. En ese caso, se votaba con un óstracon o pequeña pieza de cerámica en la que se escribía el nombre de la persona a la que querías «indicarle la salida».

Las logias masónicas también votaban la aceptación de miembros mediante bolas blancas y negras: blancas para aceptar y negras para rechazar. A partir de ahí, muchas sociedades utilizaron este sistema para aceptar o rechazar miembros.

Y así es como se llama la última película de los Javis, La bola negra. Una película que está muy relacionada con Lorca. Lo digo de esta manera para intentar hacer cero spoilers.

Cartel oficial de La bola negra
La bola negra (2026)

Fui a verla sin expectativas muy altas, tanto por el género al que creía que pertenecía como por el tema de la Guerra Civil española, que no es de mis preferidos. Pero, al tener que ver con Lorca, fui.

Es una gran película, que seguro que hay que ver por muchas razones. Ahí lo dejo.

Todos conocemos la triste historia del escritor, y creo que su final figura como uno de los episodios más vergonzosos de la historia de nuestro país. De todas las cosas que pasan por la mente humana, una de las que más surrealista me parece es que a alguien le pueda preocupar a quién quieren o con quién se acuestan los demás, o que incluso pueda sentirse concernido por ello.

Cuando eso se convierte en que el Estado ejerce el terror sobre un grupo de personas, como ocurrió después, ya es incomprensible.

Algo curioso es que Lorca llegó a Nueva York en junio de 1929, unas semanas después de que se hubiera estrenado After Seben. En esta peli sale Shorty George, con música de Chick Webb.

After Seben (1929) — Shorty George y música de Chick Webb · Ver en YouTube ↗

No tenemos constancia de que Lorca la viera, pero sí sabemos seguro que visitó Small’s Paradise, uno de los clubes más famosos de Harlem y en el que admitían a clientes afroamericanos, algo que no ocurría en locales como el Cotton Club.

También sabemos seguro que vio cantar y bailar a los afroamericanos porque escribió: «Los negros cantaron y danzaron. ¡Pero qué maravilla de cantos! Sólo se puede comparar con ellos el cante jondo».

De su viaje a Nueva York nos dejó su libro Poeta en Nueva York y, dentro de este, el poema El rey de Harlem, al que pertenecen los versos con los que empieza este artículo.

Portada de Poeta en Nueva York, edición especial del 80 aniversario de Editorial Séneca
Poeta en Nueva York · Federico García Lorca · Séneca

También sabemos que la escritora afroamericana Nella Larsen y él se hicieron amigos, y que ella lo introdujo en los ambientes culturales del Renacimiento de Harlem, en los que, por supuesto, estaban muy presentes el jazz y el lindy hop.

El mismo año que llegó Lorca a Nueva York, Larsen publicó Passing, que es una obra fundamental para los estudios literarios queer.

Portada de la primera edición de Passing, de Nella Larsen (1929)
Passing · Nella Larsen (1929)

Relacionada también con ese ambiente estaba la mítica cantante de jazz y blues Bessie Smith, conocida como la Emperatriz del Blues, de una generación parecida a la de Lorca y Larsen y una figura muy importante para la cultura queer. Vivía en Filadelfia, pero viajaba a Nueva York para grabar y participar en su vida cultural. Y tuvo varias relaciones reconocidas con mujeres.

Su única película fue St. Louis Blues (1929). Grabó con Louis Armstrong, Benny Goodman y Coleman Hawkins, y varias veces la acompañaron Fletcher Henderson y James P. Johnson.

Anuncio de época de St. Louis Blues con Bessie Smith
St. Louis Blues (1929) · anuncio de época
Bessie Smith — St. Louis Blues · escena del corto de 1929 · Ver en YouTube ↗

Este artículo es un homenaje a Bessie Smith y un reconocimiento a Lorca y a tantos que sufrieron por la intolerancia de otros.