En la mesa del fondo de uno de esos tugurios infectos en los que ninguno de nosotros ha estado jamás están sentados un criminal, Joseph Blake, «Blueskin»; una prostituta, Elizabeth Lyon, «Edgeworth Bess»; un ladrón llamado Thomas, «Tom», que lleva en la mano derecha una marca hecha con un hierro candente como castigo por su último robo; y Jack Sheppard, pareja sentimental de Bess.
No es Jack Shephard, el de Lost, aquella mítica serie famosa por su horrible final. Estamos en el Black Lion, en Londres, en enero de 1723. Luego seguimos con esta historia.

A solo veinte minutos caminando, pero tres siglos después, hay dos hombres en la azotea del St Bartholomew’s Hospital. Del móvil de Moriarty suena Stayin’ Alive, mítico tema de los Bee Gees que dio título a la secuela de Saturday Night Fever, ambas protagonizadas por John Travolta, en las que seguramente baila mucho más, pero con menos carisma que con Uma Thurman en Pulp Fiction.




Moriarty ha vencido a Sherlock. Las dos mentes más brillantes se han enfrentado y Moriarty está sumamente decepcionado: al final, Sherlock es como los demás, es normal. Ha convertido a Sherlock en el malo.
Sherlock es una de mis series favoritas. Era muy difícil hacer algo así: traer al presente la obra de sir Arthur Conan Doyle.
Por cierto, alguna teoría moderna —nada aceptada históricamente— lo ha señalado como posible identidad de Jack el Destripador, pero esa es otra historia. Sherlock persiguió a Doyle toda su vida, pero tiene libros de temas completamente diferentes y geniales, como La compañía blanca, y también escribió poesía.

Y, si eso era difícil, eclipsar a Benedict Cumberbatch parecía imposible. Pero Andrew Scott lo hizo; creo que es uno de los mejores actores del momento.
LO DE SER BUENOS O MALOS DEPENDE DE QUIÉN CONTROLA EL RELATO.
En otra versión de Moriarty, esta vez en el anime Moriarty the Patriot, van todavía más lejos y convierten al genio criminal en un revolucionario de la lucha de clases.

Volvemos al Black Lion, tres siglos atrás. Están planeando un robo en Clare Market. Jack, un tipo muy rápido, participa de forma activa y está convencido del éxito del plan.
En otra mesa cercana, fingiendo no prestar atención, pero muy pendiente de lo que allí ocurre, está Jonathan Wild, un genio del crimen que durante esa época tuvo prácticamente el monopolio del crimen organizado en Londres. Consiguió que la opinión pública lo percibiera como un héroe, pero en realidad era el jefe de la mafia y el líder de una banda de extorsionadores.
El plan podría haber salido bien, pero algunos de los objetos robados fueron llevados a Jonathan Wild para venderlos, y uno de sus negocios era denunciar a ladrones para obtener recompensas, algunas veces culpándolos de sus propios robos.
El hermano de Jack, Tom, fue detenido, confesó y, por temor a ser ahorcado, delató a Jack. Así que Jack acabó en el piso más alto de la prisión de Saint Giles.
A partir de ahí empieza una historia épica de fugas de Jack Sheppard, cada cual más loca. En ese momento, Jack ya era un héroe de la clase obrera, una especie de Robin Hood.
A Daniel Defoe, que trabajaba como periodista, se le atribuyó un relato sobre él en el que se cuenta que mucha gente creía que el mismísimo diablo lo ayudaba a escapar.
Finalmente, Jack fue ahorcado tras permitirle beber su última pinta de jerez.
Desde el primer robo de Jack —dos cucharas de plata— hasta que fue ahorcado transcurrieron menos de dos años. Una vida muy intensa. Sin embargo, ha tenido una relevancia enorme.
El 29 de enero de 1728 se estrenó The Beggar’s Opera (La ópera del mendigo), de John Gay. Su personaje principal, Macheath, se suele relacionar con Jack Sheppard, y su antagonista, Peachum, con Jonathan Wild. La obra se representó regularmente durante más de cien años.

Doscientos años después, durante la República de Weimar, Kurt Weill compuso, con libreto de Bertolt Brecht, The Threepenny Opera, cuyo mensaje era una crítica al sistema capitalista.

Lo curioso de la historia es que los autores decidieron actualizar el personaje, quitarle cualquier rasgo de caballerosidad y hacerlo más cruel.
El actor que debía interpretar a Macheath pidió una presentación más potente para su personaje, así que los autores compusieron una nueva canción antes del estreno.
La paradoja es que Jack Sheppard pasó de héroe del pueblo y referente del sector más oprimido del Londres del siglo XVIII a un villano horrible, y lo hicieron unos anticapitalistas en una obra de denuncia. Justo lo que estás pensando: no solamente Nolan destroza personajes.
Jack Sheppard se había transformado en Macheath, llamado también «Mackie Messer», que traducido al inglés sería «Mack the Knife».
Por último, debido a una serie de caprichos del destino sumamente improbables, esta canción acabó llegando al jazz. Aunque Sidney Bechet grabó la primera versión instrumental de jazz, Louis Armstrong fue quien popularizó su versión vocal.
Sin embargo, probablemente la versión que todos recordamos es la de Ella Fitzgerald, grabada en 1960 durante un concierto en Berlín. A mitad de la canción olvidó la letra y convirtió un error en una genialidad.
Como curiosidad, esta historia llegó también a la música latina. El pobre Jack reaparece, colocado en un barrio hispano, esta vez directamente como delincuente y asesino: es Pedro Navaja, de Rubén Blades y Willie Colón.
